¿Quién fue Bloody Mary?


Al escuchar este nombre, siempre relacionaba mi mente a la bebida preparada con vodka y tomate. Después me entere del personaje histórico y el cual es el motivo de esta entrada, pero también existe otra Bloody Mary y hago un paréntesis para hablar rápidamente de ella; probablemente muchos ya hayan escuchado la historia, es una leyenda muy popular en países de habla inglesa. La leyenda cuenta, de que si mencionas tres veces su nombre frente al espejo, Bloody Mary aparece provocándote daños irreparables o la muerte. Pueden intentarlo en la comodidad de su casa... si son valientes.

Como toda leyenda, las información sobre su origen es siempre difusa. Existen dos versiones, al menos de las que tengo información, las primeras hablan sobre una madre; una joven madre que entre su locura cometió suicidio después de que le fuera arrebatado su hijo; otra versión habla igual sobre una madre, pero en esta ocasión ella parece ser la victimaria o al menos así lo pensaron todos, al acusarla injustamente sobre la muerte de sus vástagos. De cualquier forma ambas versiones hablan sobre una madre que murió dejando un alma en pena.

La segunda versión ya no habla de una madre, aquí sólo se trata de una mujer que fue enterrada viva y así murió dentro de su propio ataúd, dejando las paredes de este marcado con la sangre de sus manos, al intentar desesperadamente salir de ahí.

Hasta aquí las leyendas sobre Bloody Mary, ahora vayamos a la Bloody Mary histórica, que sin duda, al menos para mi, resulta mucho más terrible que cualquier otro fantasma que pudiera aparecer desde un espejo. Pero antes pongámonos en contexto.

Siempre me ha sido muy curioso el ver, como el poder transforma a las personas, las personas con autoridad son siempre necesarias en cualquier sociedad, pero cuando esta autoridad corrompe a la persona que se le dio el privilegio de dirigir, es algo muy penoso, que nos ha llevado a los más grandes estragos.

La mayoría de los dictadores que conocemos en la actualidad, pasaron por este lastimoso proceso, en una primera etapa recibieron el apoyo total del pueblo, eran una clara representación del cambio y del bien general, y una vez que consiguieron el poder, la situación se fue transformando, y terminaron convirtiéndose muchas veces, en lo que un principio era contra lo que luchaban.

Un ejemplo donde esta situación se dio fue en el Cristianismo, en un principio era un culto que sólo unos seguían, dividido en muchas corrientes y muchos evangelios, más de los que conocemos hoy en día, la escena contenida en la Biblia que narra como Poncio Pilato se lavo las manos al momento de decidir crucificar a Jesús, es un ejemplo de ello; de ser los seguidores de Jesús un problema de considerarse para el Imperio Romano, ellos mismos hubieran tomado acciones sobre su ejecución.

Sin embargo el Cristianismo siguió evolucionando y cada ves más y más adeptos se sumaban a sus filas, y ahí fue donde comenzó la persecución. El Imperio Romano ya veía como un problema a los Judíos que se revelaban contra el imperio y los cristianos a sus ojos eran lo mismo, rebeldes que atentaban contra la estabilidad, imágenes de cristianos como carnada en el coliseo, son hasta nuestros días bien conocidas, que aunque no son del todo exactas históricamente, la verdad es que no difieren mucho de la crueldad con la que se les trataba por aquella época, crucificados, quemados vivos, y dados de comer a los perros.

Bastaron sólo cuatro siglos para que la situación cambiara drásticamente y ahora fuera aceptado plenamente por el Imperio Romano, el comienzo del Cristianismo como figura de poder estaba comenzando, y aunque los habitares romanos no se convirtieron al Cristianismo de inmediato, el camino que siguió, ya estaba comenzado.

Y es así como llegamos al escenario de nuestra historia, en el siglo XVI, la Iglesia Católica Romana ya completamente establecida; mientras en Inglaterra el reinado de Enrique VIII imponía su autoridad. Sólo que este rey tenia un pequeño problema, no podía conseguir un hijo varón, necesario para la sucesión del trono, situación que cada vez más lo alejaba de su entonces esposa Catalina de Aragón. Al final, de acuerdo a un estudio resiente, este problema se debió siempre a el, padecía una condición genética que le impedía tener hijos varones.

Pero esta situación no era sabida en aquella época y Enrique VII opto por terminar su matrimonio de 24 años con Catalina de Aragón, e ir tras la madre del que se supone sería su heredero. Y fue este atrevimiento a disolver un matrimonio pactado ante los ojos de Dios y ante la Iglesia Católica Romana, lo que causo una ruptura total entre ambos. Enrique VII fue excomulgado, situación que no impidió que el continuara con sus planes.

Y es así como a su muerte, consigue heredarle al trono al que sería su único hijo varón Eduardo VI, desafortunadamente Eduardo VI murió siendo aún muy joven, apenas con 15 años de edad y nuevamente el trono estaba a disposición de un nuevo heredero. Y es aquí, donde nuestro personaje entra en escena. María Tudor, al ser la única hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, es la nueva asignada al trono de la corona inglesa.

Recordemos que para este momento, Inglaterra ya dejaba de estar relacionada con La Iglesia Católica Romana, después de la excomunión de Enrique VIII, la corona inglesa se había convertido en protestante. Situación que no agradaba del todo a María Tudor.

Así María Tudor, promovió de nueva cuenta una relación con la Iglesia Católica Romana, la excomunión fue retirada y todo parecía marchar bien, salvo por un pequeño detalle, los protestantes. Y así es como comienza la persecución y aquí es donde ese apodo tan macabro comienza a fraguarse... había nacido María la Sanguinaria. Bloody Mary.

Durante su reinado de sólo cinco años murieron en la hoguera y en prisión alrededor de 300 personas, acusadas de herejía. Acusadas de no respetar el mandato y la autoridad de la Iglesia Católica Romana. Que curiosamente trágico resulta que estas 300 victimas, hayan sido victimas del capricho; capricho, por la fuerza que tomo el protestantismo en Inglaterra después de la excomunión de Enrique VIII, excomunión que se dio después de que este considerara que Catalina, la madre de María Tudor, no podría darle un hijo varón... siendo que al final, el problema siempre fue de el.

Como era de esperarse todas estas acciones llenas de crueldad por la corona inglesa, aunque populares entre los católicos seguidores de María Tudor, también tuvo muchos detractores y esta impopularidad de la Iglesia Católica Romana, termino por promover aún más el protestantismo, hasta que este terminara convirtiéndose en Inglaterra, en lo que ahora se conoce como la Iglesia Anglicana.

Pareciera un poco fuera de lugar que comenzara hablando sobre los orígenes del Cristianismo, pero vuelvo a mencionar lo terriblemente curioso que me parece la influencia del poder en la decisiones de las personas. Primero fueron victimas, después victimarios.

La vida de María Tudor, no solamente es tristemente celebre por la matanza de protestantes que propicio durante su reinado, también es recordada por sus falsos embarazos y problemas para procrear, problemas probablemente derivados de la condición genética de su padre. Quizás de aquí venga la relación con las leyendas que se comentan, al principio de esta entrada. Una madre desesperada por sus vástagos, una madre que produce una sensación siniestra al recordar de que fue capaz. María Tudor murió después de su reinado en Inglaterra.

Así que, aquí tenemos una prueba más del seductor veneno del poder, quizás tu no tengas la capacidad de mandar perseguir 300 personar distintas a tu pensar, pero invariablemente la vida nos llega a colocar a todos en situaciones de poder, en diversos momentos de nuestra existencia; no dejemos que nos intoxique a lo negativo cuando nos llegue la ocasión.

Ahora, ¿qué historia te parece más terrible, las leyendas contadas al principio o María Tudor? María la Sanguinaria...
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